12/5/09

Sobre el tiempo

"Stavrogin: En el Apocalipsis, el ángel anuncia que ya no existirá el tiempo.

Kirilov: Lo sé. Eso está dicho expresamente, de forma clara, inquívoca. Cuando todos los hombres sean felices, ya no existirá el tiempo, porque ya no hará falta. Una idea muy cierta.

Stavrogin: ¿Y dónde lo meterán?

Kirilov: En ninguna parte. El tiempo, al fin y al cabo, no es una cosa, sino una idea. Desaparecerá en el entendimiento."






Los endemoniados (Бесы), Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, 1871-72

La maison en petits cubes


Hace poco vi este cortometraje por primera y por segunda vez. Quizás ahora lo vea por tercera vez, pero sería irrelevante contarlo.

Recogí aquí hace poco ciertos fragmentos referidos a Andrei Tarkovski y su cine, en cierto modo con un tono o trasfondo espiritual que nos ayuda a ver cuánto de humanos tenemos y en qué medida puede el cine, en tanto que arte (el caso es extrapolable, sin duda, a otros tipos de arte), reflejar la propia individualidad y los propios sentimientos, in-traducibles a otros lenguajes, no verbalizables.

Esta reflexión que, cual espejo nos permite ver más dentro de lo que cada uno somos o creemos ser, cala hondo en la propia consciencia se me hace más profunda cuando se trata lo temporal (entendiendo lo temporal, claro, desde su condición limitada -o limitante- para el ser humano).

La muerte, el hecho de que tanto a lo que nosotros atañe como a los que nos rodean debamos necesariamente en algún momento desaparecer, debamos algún día dejar éste juego 'vital' en que hemos estado siempre inscritos (me refiero a que, desde nuestra propia consciencia, no conocemos el hecho de no haber estado-sido vivos-vivientes), es algo que no podemos olvidar como humanos.

Justo hará un par de días pasé más que una mera tarde (lapso temporal) con una anciana, familiar, cuyo marido había fallecido. Me relató sentimientos, recuerdos, anécdotas, historias; sus comienzos y sus más y sus menos. Éste tirar mentalmente para atrás, retroceder en nuestro propio tiempo (el de cada uno de nosotros, no una categoría abstracta en genérico, como se suele entender) recordando aquello que ya hemos vivido es algo que solemos hacer.

Pero pocas veces, tales recuerdos son tan comunicables como ese día. Quizá sí en tanto que anécdotas, descripciones de hechos o estados personales de uno o de otro. Pero pasar este posible recuerdo consciente, racional, es menos habitual.

Y, la verdad; somos tan iguales...


PD: Aunque sea directamente prestado -el vídeo- y no consista en un fragmento de texto, creo que es suficientemente de interés y fructífero para empezar a hablar sobre el tiempo y lo que éste es para cada uno de nosotros...





La Maison en petites Cubes, Kunio Kato, 2009

9/5/09

La pregunta por la técnica


¿Qué es aquello en lo que consiste la técnica? Me remito hoy a un fragmento con que Martin Heidegger avanzó en lo que acaece a lo que él entendía por 'técnica'. Siguiendo un punto de partida desde la definición propia de la palabra, el filósofo prosigue en el preguntarse por en qué consiste esta; cuál es la constitución (possibilitas, según el vocabulario de Kant) de ésta. El hecho de distanciar la cosa misma (la técnica) de aquello de cuya esencia ésta se basa, surge, se hace de forma bastante clara, cosa a agradecer. Y, bueno. Os dejo como sorpresa final aquello sobre lo que la técnica conlleva como 'medio' o no 'mero medio' para el hombre...

De especial mención es para mí la concepción de Heidegger sobre el preguntar como transcurso, como camino; como proceso que es en sí mismo aquello que importa (no el destino a donde se llegue o el origen del que se parte). Supongo que debe ser este 'ir-haciendo', 'ir-cuestionándose', el que permite avanzar en la resolución de alguna pregunta, pero dándole primacía al 'ir-resolviéndose' la pregunta misma en contraposición a la 'pregunta-resuelta'. En este sentido, quizá el pensar de Heidegger sea delatado aquí de más humano que científico, hecho que comparto en gran medida (o así yo lo quisiera, claro).






"En lo que sigue preguntamos por la técnica. Preguntar es estar construyendo un camino. Por ello es aconsejable fijar la atención en el camino y no estar pendiente de frases y rótulos aislados. El camino es un camino del pensar. De un modo más o menos perceptible, todos los caminos del pensar llevan, de una forma desacostumbrada, a través del lenguaje. Preguntamos por la técnica y con ello quisiéramos preparar una relación libre con ella. La relación es libre si abre nuestro estar a la esencia de la técnica. Si correspondemos a aquélla, entonces somos capaces de experienciar lo técnico en su limitación.

La técnica no es lo mismo que la esencia de la técnica. Cuando buscamos la esencia del árbol, tenemos que darnos cuenta de que aquello que prevalece en todo árbol como árbol no es a su vez un árbol que se pueda encontrar entre los árboles.

De este modo, la esencia de la técnica tampoco es en manera alguna nada técnico. Por esto nunca experienciaremos nuestra relación para con la esencia de la técnica mientras nos limitemos a representar únicamente lo técnico y a impulsarlo, mientras nos resignemos con lo técnico o lo esquivemos. En todas partes estamos encadenados a la técnica sin que nos podamos librar de ella, tanto si la afirmamos apasionadamente como si la negamos. Sin embargo, cuando del peor modo estamos abandonados a la esencia de la técnica es cuando la consideramos como algo neutral, porque esta representación, a la que hoy se rinde pleitesía de un modo especial, nos hace completamente ciegos para la esencia de la técnica.

Según la antigua doctrina, la esencia de algo es aquello que algo es. Preguntamos por la técnica cuando preguntamos por lo que ella es. Todo el mundo conoce los dos enunciados que contestan a nuestra pregunta. El uno dice: la técnica es un medio para unos fines. El otro dice: la técnica es un hacer del hombre. Las dos definiciones de la técnica se copertenecen. Porque poner fines, crear y usar medios para ellos es un hacer del hombre. A lo que es la técnica pertenece el fabricar y usar útiles, aparatos y máquinas; pertenece esto mismo que se ha elaborado y se ha usado, pertenecen las necesidades y los fines a los que sirven. El todo de estos dispositivos es la técnica, ella misma es una instalación, dicho en latín: un instrumentum.

La representación corriente de la técnica, según la cual ella es un medio y un hacer del hombre, puede llamarse, por tanto, la definición instrumental y antropológica de la técnica.

¿Quién negaría que esto es correcto? Está claro que se rige por aquello que se tiene ante los ojos cuando se habla de la técnica. La definición instrumental de la técnica es incluso correcta de un modo tan inquietante, que además es aplicable a la técnica moderna, de la que normalmente se afirma, con una cierta razón, que, frente a la técnica artesanal de antes, es algo completamente distinto y por tanto nuevo. También la central energética, con sus turbinas y sus generadores, es un medio fabricado por hombres para un fin puesto por hombres. También el avión a reacción y la máquina de alta frecuencia son medios para fines. Por supuesto que una estación de radar es menos sencilla que una veleta. Por supuesto que la fabricación de una máquina de alta frecuencia necesita del juego combinado de distintos procesos de trabajo de la producción técnico-industrial. Por supuesto que una serrería, en un valle perdido de la Selva Negra, es un medio primitivo en comparación con una central hidroeléctrica del Rin.

Sigue siendo correcto que también la técnica moderna es un medio para fines. De ahí que la representación instrumental de la técnica determine todos los esfuerzos por colocar al hombre en el respecto correcto para con la técnica. Todo está en manejar de un modo adecuado la técnica como medio. Lo que queremos, como se suele decir, es «tener la técnica en nuestras manos». Queremos dominarla. El querer dominarla se hace tanto más urgente cuanto mayor es la amenaza de la técnica de escapar al dominio del hombre.

Ahora bien, supuesto que la técnica no es un mero medio, ¿qué pasa con la voluntad de dominarla? Pero dijimos que la definición instrumental de la técnica es correcta. Ciertamente. Lo correcto constata cada vez algo que es lo adecuado en lo que está delante. Sin embargo, para ser correcta, la constatación no necesita en absoluto desvelar en su esencia lo que está delante. Sólo allí donde se da este desvelar acaece de un modo propio lo verdadero. De ahí que lo meramente correcto no sea todavía lo verdadero. Sólo esto nos lleva a una relación libre con aquello que, desde su esencia, nos concierne. En consecuencia, la correcta definición instrumental de la técnica, que es correcta, no nos muestra todavía la esencia de ésta. Para llegar a esta esencia, o por lo menos a su cercanía, tenemos que buscar lo verdadero a través de lo correcto. Tenemos que preguntar: ¿qué es lo instrumental mismo? ¿A qué pertenece una cosa así en tanto que un medio y un fin? Un medio es aquello por lo que algo es efectuado, y de este modo alcanzado. A lo que tiene como consecuencia un efecto lo llamamos causa. Sin embargo, causa no es solamente aquello por medio de lo cual es efectuado algo distinto. También el fin según el cual se determina el modo de los medios vale como causa. Donde se persiguen fines, se emplean medios; donde domina lo instrumental, allí prevalece la condición de causa, la causalidad."





Conferencias y Artículos, Martin Heidegger (Traducción de Eustaquio Barjau, Ediciones del Serbal, Barcelona, 1994, pp. 9-37), 1953.

7/5/09

Somos de algún sitio


Venga; hoy la última publicación del día -de la noche, más bien-. En relación con aquello que nos es común, con aquello que, según el primer comentario a la película de 'El espejo', somos los humanos, con lo que nos es inherente, hay algo a añadir; algo que no deja ver del todo este fragmento sino que queda colgando aún de la anterior actualización. ¿Qué es más intrínseco al hombre que el decir? -que lo lingüístico- ¿Qué es más inherente a éste que el sentir? -que lo emocional-.

Y de ahí una grave brecha (entre el decir y el sentir) de la que justo hablamos hace poco, donde puede que tenga lugar precisamente el fenómeno de lo artístico. Es decir, ahí donde se formula (o se intenta formular) un nuevo vínculo entre lo que algo dice (lo que a algo le es capacitado decir, el mero discurso, la mera descripción o presencia, la mera realización física, el 'cómo' científico) y lo que algo permite sentir; el generar un puente, salvar la distancia -ni que sea de forma efímera o puntual- momentáneamente entre un sentimiento adscrito a una figura y cómo 'dice' la figura misma. Veremos más de ello, ya lo avanzo, con la Crítica del Juicio de Immanuel Kant; pero hoy no toca, que es tarde...


Volviendo al tema de qué hay de común en el hombre, de qué caracteriza de forma intrínseca el ser-hombre, citaremos un fragmento escrito por el escultor vasco Eduardo Chillida, quien, sin duda, veía en el arte la esperanza del hombre (de redimirse,¿quizá?). Aquí, aún así, la temática gira sobre el que aquello común a todos nosotros sea, literalmente, el horizonte, nuestra patria común, el hecho de que todos tengamos -y necesitemos- un lugar.




"Yo soy de los que piensan, y para mí es muy importante, que los hombres somos de algún sitio. Lo ideal es que seamos de un lugar, que tengamos las raíces en un lugar, pero que nuestros brazos lleguen a todo el mundo, que nos valgan las ideas de cualquier cultura. Todos los lugares son perfectos para el que está adecuado a ellos y yo aquí en mi País Vasco me siento en mi sitio, como un árbol que está adecuado a su territorio, en su terreno pero con los brazos abiertos a todo el mundo. Yo estoy tratando de hacer la obra de un hombre, la mía por que yo soy yo, y como soy de aquí, esa obra tendrá unos tintes particulares, una luz negra, que es la nuestra."




Escritos, Eduardo Chillida (fecha inconcreta)

Sobre 'El Espejo' II


Seguiremos con comentarios de comentarios hoy. Éste otro, encontrado en el mismo libro (un par de páginas después, hacia la página 30 en la edición española) es una carta que mandó una hija a su madre y trata sobre la película en cuestión (citada antes). Volvemos de nuevo a ver esa insistencia en el hombre, el sentido de su vida, ésta espiritualidad primordial, inicial, intrínsecamente humana.

Pero ésta da a ver otros aspectos relativos a la película y a lo que de ella puede fructificar para el espectador. En especial, empieza aquí a germinar un tema del que seguro que se publica algo en este blog: la traducción. Y ya no de una lengua escrita a otra lengua escrita, ni tan sólo de un lenguaje oral a una lengua escrita. Se trata, como veremos, de cuán es de imposible el intentar traducir un sentimiento, una emoción a un lenguaje (sea oral o escrito). Veremos esto más adelante con una transcripción de una conferencia sobre el pronunciar griego y seguramente otra del Parménides de Heidegger, pero cuando me vea con valor me pondré a por ello...!


La pregunta que sugiriría el texto que transcribo a continuación es la de si es cierta o no -y esto lo dejo a expensas vuestras antes y/o después de haber visto la película- la afirmación relativa al que sean las imágenes (de una película, por ejemplo) la traducción o transcripción más directa de un sentimiento (y, por lo tanto, la menos distorsionada).




"¿Cuántas palabras conoce un hombre? -ésta es la pregunta, retórica, a su madre-. ¿Cuántas figuran en su vocabulario cotidiano? ¿Cien, doscientas, trescientas? Revestimos nuestros sentimientos con palabras, intentamos expresar en ellas el dolor, la alegría, todo movimiento interno, todo aquello que en realidad no se puede expresar. Romeo le decía a Julieta palabras maravillosas, muy claras y llenas de expresividad. Pero esas palabras, ¿podían expresar siquiera la mitad de todo aquello que llevaba en su corazón, que contenía su corazón rebosante? ¿Todo aquello que le cortaba el aliento, que hacía que Julieta no pudiera pensar en otra cosa que en su amor?

Hay un lenguaje absolutamente diferente, hay un sistema de comunicación totalmente distinto... a través de sentimientos, imágenes. Este contacto supera todo lo que separa, derriba las fronteras. La voluntad, el sentimiento, las emociones despejan las barreras entre los hombres, que hasta ahora estaban a ambos extremos del espejo detrás de esta o de aquella puerta... El marco de la pantalla se amplía, ante nosotros se abre un mundo, cerrado hasta ahora, y se convierte en una nueva realidad... Y todo esto ya no sucede a través del pequeño Aleksei: aquí ya es el propio Tarkovski quien directamente se dirige a los espectadores, sentados al otro lado de la pantalla. La muerte deja de existir, existe la inmortalidad. El tiempo es una sola unidad, indestructible. Lo mismo que se dice en la poesía: 'Una sola mesa para los descendientes y los nietos...' Por cierto, que mi acceso a esta película fue más bien del tipo emocional, aunque seguro que también se puede acceder a ella de muchas otras maneras. Tú, ¿cómo lo hiciste?

Por favor, escríbeme..."




Lanzaría la pregunta al aire de... y vosotros, ¿cómo lo hicísteis?





Esculpir en el Tiempo (Sapetschatljonnoje wremja), Andrei Tarkovski, 1988 (extracto citado de un espectador)

Sobre 'El Espejo' I


Hoy llego aquí comentando un comentario, una pequeña reseña, una crítica que un espectador -a nuestros ojos anónimo- perteneciente al instituto de física de Moscú hizo en relación a la película 'El espejo' de Andrei Tarkovski (que, por cierto, os recomiendo; sin duda alguna).

En relación al comentario mismo, debo decir que me ha atraído por el motivo de que no se trata de algo descriptivo, sinóptico, en relación exclusiva a la película, sino lo que ésta suscita al que la ve. El autor no trata, además, meramente de categorizar si 'le gusta' o 'no le gusta'. No se trata, pues, -añadiría yo- de la habitual -hoy en día- relativización subjetiva de lo estético, del encerrarse uno en el propio criterio, en la propia sensibilidad de mirar, y poder 'afirmar' algun juicio sobre la calidad de la película (o de algo otro) sin que éste criterio sea humo (es decir, ya sea porque se plantea de un modo oculto o críptico o ya sea porque no lo hay).

Esta crítica a la película es, al fin y al cabo, la voluntad de expresar en general qué es lo que conscierne al hombre en su relación (intrínseca) con lo otro, con su vida y con su entorno.




"La presentación de la película El espejo, de Tarkovski, despertó en el Instituto de Física de la Academia de las Ciencias el mismo interés que en todo Moscú.

El deseo de estar personalmente con el director de dicha película es algo que, desgraciadamente, se cumplió para muy pocos (tampoco el autor de esta nota lo consiguió). Nos resulta incomprensible cómo Tarkovski consigue realizar con medios fílmicos una obra filosóficamente tan densa. Quien acude al cine se ha acostumbrado a que una película tenga una historia, un tema, héroes y casi siempre un 'final feliz'. Y también en las películas de Tarkovski busca esos elementos; y a menudo se va desencantado a casa porque no encuentra ninguno de ellos.

¿De qué trata esta película? Del hombre. Por supuesto que no de aquel hombre concreto, de cuya voz en off se ocupa Inokenti Smoktunovski. No. Es más bien una película sobre ti mismo, sobre tu padre y tu abuelo. Una película sobre el hombre, que vivirá cuando tú hayas muerto, pero que será un 'Tú'. Es una película sobre el hombre que vive en la tierra, que a su vez es parte de ese hombre. Una película sobre el hecho de que el hombre ha de responder con su vida ante el pasado y ante el futuro. Esta película hay que verla, eso es todo, escuchando devotamente la música de Bach y las poesías de Arseni Tarkovski. Y hay que verla como se contemplan las estrellas, el mar o un paisaje bello. Se echará de menos la lógica matemática. Pero ésta, en el fondo, no explica qué es el hombre y en qué consiste el sentido de su vida."




"Ésta [la lógica matemática], en el fondo, no explica qué es el hombre y en qué consiste el sentido de su vida". Quisiera -pronto- volver a remitirme a ésta frase, cuyo carácter negativo (tal cosa no puede ser explicada por la lógica matemática) no hace sino permitir ser al hombre y al sentido de su vida libres, aún dejando con vida una cierta espiritualidad humana que, absolutamente sacra para Tarkovski, nos devuelve a lo inicial, a lo primordial, a lo humano.





Esculpir en el Tiempo (Sapetschatljonnoje wremja), Andrei Tarkovski, 1988 (extracto citado de un espectador)