Hace 1 día
26/2/10
Corazón Delator (1953)
Animación del cuento Corazón Delator de Edgar Allan Poe, que sin duda me ha recordado gratamente la lectura de Crimen y Castigo, de Dostoievski, en especial a la genialmente escrita parte final.
Animación del relato Tell-Tale Heart, Edgar Allan Poe, 1953
22/2/10
Sobre la paz perpetua
Creo que aún no había insertado en este blog el tema de la política, aunque sin duda es un tema recurrente e interesante. Se cita hoy un fragmento del -corto- libro del filósofo Kant, un ensayo sobre la política, en el cual distingue categóricamente democracia y república. A lo largo del libro se desarrolla una posición, un proyecto, particular sobre el camino ideal, políticamente hablando, para tendir hacia la paz perpetua entre hombres. Una nota aneja al tema de hoy sería el hablar de lo que para el sistema filosófico kantiano sería la política; dónde se situaría este campo dentro de la estructura de discursos kantiana. Seguiré en otro post, pero enunciándolo ya, la política se encontraría justamente en la negación ontológica de la moral. Trataría la política, justamente, de coartar la libertad individual, moral propia ideal del individuo solitario (teórico, pero inexistente en realidad), en la medida en que tiene o deba tener la capacidad de adaptarse a la posibilidad de una libertad colectiva, a un punto intermedio equitativo, de todas las libertades individuales posibles, de permitir que se establezca un nivel equitativo de todas ellas, justo.
Aquí me gustaría adjuntar un cierto vínculo respecto al concepto de moral mesopotámica, en relación al archiconocido -y mal titulado, según he podido compreder desde análisis de Jean Bottéro- Código de Hammurabi, en relación a la voluntad indudable y necesaria de Hammurabi como equitativo: la equidad como base de la política se encuentra también en la propuesta kantiana, como necesariamente presente. Quizá, aún así, no tenga sentido plantear como problema primordial el sistema político: trátese de monarquía -ya fuere despótica o no- o no, el principio de la equidad justa sobrevuela ante otros principios del dominio o sistema político.
"Para que no se confunda la constitución republicana con la democrática (como suele ocurrir) es preciso hacer notar lo siguiente. Las formas de un Estado (civitas) pueden clasificarse por la diferencia en las personas que poseen el supremo poder del Estado o por el modo de gobernar al pueblo, sea quien fuere el gobernante. Con la primera vía se denomina realmente la forma de la soberanía (forma imperii) y sólo hay tres formas posibles, a saber, la soberanía la posee uno solo o algunos relacionados entre sí o todos los que forman la sociedad civil conjuntamente (autocracia, aristocracia y democracia, poder del príncipe, de la nobleza, del pueblo). La segunda vía es la forma de gobierno (forma regiminis) y se refiere al modo como el Estado hace uso de la plenitud de su poder, modo basado en la constitución (en el acto de la voluntad general por el que una masa se convierte en un pueblo): en este sentido la constitución es o republicana o despótica. El republicanismo es el principio político de la separación del poder ejecutivo (gobierno) del legislativo; el despotismo es el principio de la ejecución arbitraria por el Estado de leyes que él mismo se ha dado, con lo que la voluntad pública es manejada por el gobernante como su voluntad particular. -De las tres formas de Estado, la democracia es, en el sentido propio de la palabra, necesariamente un despotismo, porque funda un poder ejecutivo donde todos deciden sobre y, en todo caso, también contra uno (quien, por tanto, no da su consentimiento), con lo que todos, sin ser todos, deciden; esto es una contradicción de la voluntad general consigo misma y con la libertad-. Primer artículo definitivo para la paz perpetua (La constitución civil de todo Estado debe ser republicana), [...]"
Sobre la paz perpetua (Zum ewigen Frieden. Ein Philosophischer Entwurf von Immanuel Kant), Immanuel Kant, 1795
Sobre la paz perpetua (Zum ewigen Frieden. Ein Philosophischer Entwurf von Immanuel Kant), Immanuel Kant, 1795
15/1/10
Oración a la lluvia
Aquí las palabras -externalizadas, pronunciadas- sobran ante la belleza de tales imágenes. Una real sucesión de planos, sin pasar nada por alto, aunque tampoco atacando al que ve la película con un plano tras otro, sin tener capacidad sensitiva de percibir la imagen misma de cada instante, -y poderla vincular a la experiencia de uno mismo-, de forma maquinal (como es habitual que ocurra hoy en día, aunque no sea necesario explicitarlo), para impresionar. Una curiosa evolución en la historia de las artes, la del espectáculo y el impresionar, o tener que sentirse por encima no ya por belleza, perfección, duda, descolocación o contraste, sino por el mero abalanzarse sobre el que quiere ver para cegarlo, para que en ningún momento tenga la calma posible como para ver.
Oración a la Lluvia, Sergei Eisenstein, 1929.
Tarkovsky on art
Lo que Andrei Tarkovski comenta en este vídeo es, quizá, una de las bases más profundas de este blog. No sé yo si éste es para que lo lean más o menos individuos o para, alejándome de una pereza habitual en día de hoy, poder aproximarse a uno mismo. Y si bien es cierto que el hacerlo público tiene un posible y peligroso punto de querer valerse al mundo al enseñar, al mostrar 'conocimiento', tan sólo veo la posibilidad de compartir aquello que me ha ayudado a desarrollar una cierta sensibilidad de espíritu. Eso sí, evidentemente dando por supuesto que no se trata de nada universalizable, puesto que, tal como se comenta en el vídeo, poco puede entender uno más que la propia experiencia. La propia experiencia, no más. Lo otro nos es externo, ajeno.
Aun así, no negaré que la voluntad "archivista" de fragmentos que me hubieran parecido interesantes para seguir mi camino adelante no deja de pretender, en cierta medida, la ínfima posibilidad que ello pueda producir -creo que positivas- variaciones (almenos para mí lo han sido) del poder aprender sobre el por qué, el cómo y el quién somos.
Como coletilla final, a modo casi de postdata, recordaré a Tolstoi, en su "Confesión", en que comentaba el malestar que tuvo durante años por una cierta e irrefrenable ansia de enseñar, cuando,por otro lado, no sabía qué podía él enseñar. Y, sin duda, si uno no sabe qué sabe, tiene que tener dudas acerca de qué o cómo enseña (ese algo) a otros individuos.
¿Qué sé? ¿Qué puedo decir? Bien poco, por el momento; tan sólo comentaros lo que me sugieren estos fragmentos que, con tiempo, calma y ganas, voy recopilando.
Entrevista - Documental sobre Andrei Tarkovsky.
Aun así, no negaré que la voluntad "archivista" de fragmentos que me hubieran parecido interesantes para seguir mi camino adelante no deja de pretender, en cierta medida, la ínfima posibilidad que ello pueda producir -creo que positivas- variaciones (almenos para mí lo han sido) del poder aprender sobre el por qué, el cómo y el quién somos.
Como coletilla final, a modo casi de postdata, recordaré a Tolstoi, en su "Confesión", en que comentaba el malestar que tuvo durante años por una cierta e irrefrenable ansia de enseñar, cuando,por otro lado, no sabía qué podía él enseñar. Y, sin duda, si uno no sabe qué sabe, tiene que tener dudas acerca de qué o cómo enseña (ese algo) a otros individuos.
¿Qué sé? ¿Qué puedo decir? Bien poco, por el momento; tan sólo comentaros lo que me sugieren estos fragmentos que, con tiempo, calma y ganas, voy recopilando.
Entrevista - Documental sobre Andrei Tarkovsky.
Etiquetas:
Arte,
Cine,
Sensibilidad,
Vida
2/1/10
Ecs-periencia
"Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que se pueden cometer en un campo determinado"
¿O es que ya no recordamos qué es lo que significa saber? ¿No es conocer algo sino categorizarlo, asimilar algo como A, y no como no-A restante? Y, en este sentido, ¿no os ocurre que, en cuanto reafirmáis algo como tal, más profunda y lícitamente, de una forma más segura, estáis más seguros del poco conocimiento que tenéis sobre la cosa misma? Es decir, en la medida en que profundizamos en A, en la medida en que -kantianamente re-conocemos algo en tanto que figura, concepto- no nos aparece más la inseguridad de que, por mucho que sigamos en tal camino, seguirá la indeterminación absoluta que a priori teníamos sobre ese A en cuestión?
Es más, ¿no es el rechazo al error el más claro y sutil síntoma de una sociedad cuya capacidad de duda o apego de saber se acerca necesariamente a lo mínimo? Quizá no se vea fácilmente así, pero en mi opinión, equivocarse, errar, es, no tan sólo humano, como dice el dicho, sino un camino seguro para conocer, para saber. ¿Cómo llegar -por vía directa- a A si no hemos negado previamente que no se trata de B, C, D, etc.? ¿No se trata el camino del errar incansablemente el de ir enfocando y aproximándose a la cosa misma, sea cual sea?
Escritos, Niels Bohr.
¿O es que ya no recordamos qué es lo que significa saber? ¿No es conocer algo sino categorizarlo, asimilar algo como A, y no como no-A restante? Y, en este sentido, ¿no os ocurre que, en cuanto reafirmáis algo como tal, más profunda y lícitamente, de una forma más segura, estáis más seguros del poco conocimiento que tenéis sobre la cosa misma? Es decir, en la medida en que profundizamos en A, en la medida en que -kantianamente re-conocemos algo en tanto que figura, concepto- no nos aparece más la inseguridad de que, por mucho que sigamos en tal camino, seguirá la indeterminación absoluta que a priori teníamos sobre ese A en cuestión?
Es más, ¿no es el rechazo al error el más claro y sutil síntoma de una sociedad cuya capacidad de duda o apego de saber se acerca necesariamente a lo mínimo? Quizá no se vea fácilmente así, pero en mi opinión, equivocarse, errar, es, no tan sólo humano, como dice el dicho, sino un camino seguro para conocer, para saber. ¿Cómo llegar -por vía directa- a A si no hemos negado previamente que no se trata de B, C, D, etc.? ¿No se trata el camino del errar incansablemente el de ir enfocando y aproximándose a la cosa misma, sea cual sea?
Escritos, Niels Bohr.
Etiquetas:
Ciencia,
Cultura,
Entendimiento,
Vida
La escritura del Dios
¿Qué es un sistema lingüístico y en qué consistiría, en la omnisciencia de la divinidad? ¿Tendría sentido alguno nombrar las cosas por un nombre? ¿Sería quizá dar continuidad al creer mesopotámico desde el cual el nombre no es un conjunto abstracto de fonemas a los cuales asignamos la unidad palabra y con el cual designamos la cosa, sino que el nombre surge, emana, de la cosa misma, es parte de él? ¿No sería, pues, la lengua desde la cual cada nombre pudiera ser divisible tal como la cosa misma (para ser analizada)? De ahí de la importancia 'etimológica' del análisis de la palabra en el mundo antiguo. No se trata exactamente de etimología, pues esta presupone el origen de una palabra en la existencia previa de otra de la cual la segunda surge o tiene origen, sino que se trataría de ver cómo el hecho que el nombre y la cosa tengan el mismo origen hace que, a todo punto de ver, sean lo mismo.
"No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel texto. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios, toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y cuanto puede comprender un lenguaje, son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo."
La escritura del Dios, cuento recogido en 'El Aleph', Jorge Luis Borges, 1949.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)